Nasrin llegó a Alemania en 2017, a los 14 años, con la ambición de ir a la universidad. Actualmente estudia ingeniería civil y la estudiante ezidí recuerda cómo continuó avanzando hacia ese objetivo a pesar del desánimo que encontró en la escuela y de tener que abrirse camino por sí misma en un sistema de educación superior que desconocía.

Tan solo dos años después de llegar, cuenta que completó la Realschule como la mejor estudiante de su promoción. Más tarde obtuvo el Abitur y comenzó a estudiar la carrera que siempre había querido cursar.

Nadie en su familia conocía el sistema alemán de educación superior, explica Nasrin. Tuvo que encontrar por sí misma la información que necesitaba y buscar sus propias oportunidades.

En la escuela, cuenta que los profesores se reían de ella cuando expresaba su deseo de ir a la universidad. Recuerda repetidos intentos de orientarla hacia una formación profesional con una titulación de enseñanza secundaria inferior.

Según Nasrin, se prepararon solicitudes sin su consentimiento y la enviaron a entregarlas. De pie frente al lugar de trabajo con los documentos en la mano, sintió que entrar significaría renunciar a su ambición. Tiró el sobre, se dio la vuelta y decidió que sería ella quien determinaría qué hacer con su propia vida.

Las dificultades continuaron mientras se preparaba para obtener el Abitur. Nasrin cuenta que a menudo era la única migrante de su clase y describe cómo era criticada por pequeños errores gramaticales, observada con desconfianza durante los exámenes y desanimada repetidamente.

Cuenta que esas dudas se convirtieron en una motivación para continuar hasta completar la titulación.

«Mi camino fue difícil, pero me enseñó cuánta fuerza llevamos dentro cuando creemos en nosotros mismos».

Su consejo para otros estudiantes parte de la misma convicción:

«Nunca permitas que los prejuicios de otras personas te definan. Nunca permitas que otra persona decida cuáles son tus límites».