El futuro de Shingal fue debatido en Bagdad sin la participación de las personas que tendrán que vivir con las consecuencias. Ese fue el mensaje de una marcha celebrada en Sinûnê el 8 de septiembre, cuando cientos de ezidíes salieron a las calles para rechazar una propuesta de administración militar y las decisiones adoptadas sin representación ezidí.

La protesta tuvo lugar después de una reunión celebrada en Bagdad el 1 de septiembre sobre la situación política y de seguridad de Shingal. Según la Asamblea Popular de Shingal, los representantes ezidíes locales fueron excluidos, mientras que funcionarios militares y de seguridad dominaron el debate. La Asamblea advirtió que reducir Shingal a una cuestión de seguridad ignora los derechos políticos, la experiencia histórica y la voluntad del pueblo ezidí.

Para los manifestantes, la cuestión no consiste simplemente en quién controla los puestos de control o dirige las fuerzas de seguridad. Se trata de si el pueblo de Shingal será reconocido como responsable de tomar las decisiones sobre su propia tierra natal. Los manifestantes sostuvieron que ninguna autoridad externa puede imponer un administrador, negociar un acuerdo o rediseñar la estructura de seguridad de Shingal sin la participación y el consentimiento de su población.

La marcha también volvió a centrar la atención en las preocupaciones sobre el futuro de las fuerzas locales de defensa ezidíes. La Asamblea ha pedido el reconocimiento legal de las fuerzas creadas para proteger Shingal, entre ellas YBŞ, YJŞ y Êzîdxan Asayişi. Los participantes advirtieron que disolver o debilitar estas fuerzas sin una alternativa creíble dejaría nuevamente expuesto a Shingal. Para un pueblo que sobrevivió al genocidio ezidí de 2014 después de ser abandonado por quienes tenían la responsabilidad de protegerlo, la seguridad no puede separarse de la confianza, la rendición de cuentas y la autodeterminación.

Los oradores de la marcha subrayaron que Shingal no puede volver a las condiciones políticas que existían antes de 2014. El pueblo ezidí ha creado instituciones locales, ha organizado su propia defensa y ha seguido exigiendo respuestas para los supervivientes, las familias de las personas desaparecidas y quienes todavía esperan poder regresar a sus hogares. Su posición es que el reconocimiento político, la representación civil y la protección deben avanzar conjuntamente; los acuerdos militares por sí solos no pueden resolver las consecuencias del genocidio, el desplazamiento y años de incertidumbre.

La referencia al riesgo de otro ferman no se hizo a la ligera. Para los ezidíes, esta palabra lleva consigo la memoria de repetidas campañas de persecución y destrucción. Por ello, la marcha transmitió también una advertencia más amplia a Bagdad: excluir a los ezidíes de las decisiones sobre Shingal no genera estabilidad. Profundiza la desconfianza y repite el patrón en el que otros deciden el futuro del pueblo ezidí sin escucharlo.

La exigencia expresada desde Sinûnê fue clara. El futuro de Shingal no debe determinarse mediante nombramientos militares ni decisiones tomadas a puerta cerrada. Debe configurarse con la plena participación del pueblo ezidí, mediante el diálogo, garantías jurídicas y el reconocimiento de su derecho a gobernar y proteger su tierra natal.