Un joven refugiado ezidí que sobrevivió durante dos años al cautiverio de ISIS cuando era niño ha hablado sobre cómo reconstruyó su vida en Australia, donde actualmente enseña inglés y trabaja como árbitro de fútbol cualificado.

Sulaiman Z., de 23 años, apareció recientemente en ABC News como parte de ABC Your Say, un proyecto nacional que invita a personas de toda Australia a hablar sobre las cuestiones que afectan a sus vidas. Mientras que el reportaje más amplio examinaba el creciente descontento con los costes de la vivienda, la presión económica y la política, Sulaiman expresó una profunda gratitud por la seguridad, la libertad y las oportunidades que ha encontrado desde que llegó al país como refugiado.

Su perspectiva positiva está marcada por una experiencia muy diferente de la de la mayoría de los australianos. Antes de establecerse en Queensland, Sulaiman soportó el cautiverio, el desplazamiento y varios años sin un hogar permanente.

Del cautiverio de ISIS a Australia

Sulaiman tenía doce años cuando ISIS lo capturó junto con miembros de su familia durante el genocidio contra el pueblo ezidí en 2014.

La familia permaneció en cautiverio durante aproximadamente dos años antes de escapar en 2016. Después pasó otros dos años en un campamento de refugiados antes de ser reasentada en Australia.

Sulaiman llegó a los quince años sin hablar inglés y se estableció en Toowoomba, una ciudad regional de Queensland situada a unos 150 kilómetros al oeste de Brisbane. Se matriculó en Harristown State High School, donde comenzó a aprender inglés y a adaptarse a un nuevo sistema educativo después de años de cautiverio y desplazamiento.

Su adaptación exigió mucho más que aprender un idioma. Tuvo que acostumbrarse a una sociedad diferente, reconstruir una sensación de estabilidad y continuar su educación después de haber perdido varios años formativos a causa de la violencia y el desplazamiento forzado.

Regreso a la escuela donde aprendió inglés

Desde entonces, Sulaiman ha regresado a Harristown State High School como profesor de inglés.

La escuela acoge a estudiantes procedentes de más de cuarenta países, entre ellos muchos que aprenden inglés como lengua o dialecto adicional. La propia experiencia de Sulaiman al llegar a Australia sin hablar inglés le permite comprender directamente la incertidumbre y las dificultades que afrontan los estudiantes recién llegados.

Ahora puede apoyar a jóvenes que se enfrentan a algunos de los mismos desafíos lingüísticos, educativos y sociales que él mismo vivió. La escuela donde comenzó a reconstruir su propio futuro se ha convertido en el lugar donde ayuda a otros estudiantes a construir el suyo.

Su trabajo también demuestra cómo el reasentamiento de refugiados puede ir mucho más allá de proporcionar seguridad inmediata. El acceso a la educación, la estabilidad y el apoyo a largo plazo permitió a Sulaiman no solo continuar sus propios estudios, sino también contribuir finalmente a la institución que lo ayudó tras su llegada.

Construir una vida a través del fútbol

El fútbol también ha seguido siendo una parte importante de la vida de Sulaiman.

Actualmente es árbitro cualificado y dirige partidos de la National Premier League masculina de Queensland. Esta función exige confianza, disciplina, capacidad de comunicación y habilidad para tomar decisiones bajo presión.

Su trabajo en la escuela y en el campo de fútbol ha fortalecido su vínculo con Toowoomba, la ciudad donde su familia comenzó a reconstruir su vida. Ha expresado un especial agradecimiento por las personas, instituciones y protecciones legales que lo apoyaron después de su llegada.

La perspectiva de Sulaiman contrastó con el descontento más amplio analizado en el reportaje de ABC. La investigación citada por la publicación encontró que muchos australianos experimentaban una disminución de su satisfacción con la vida en medio de la escasez de vivienda, la inseguridad económica y la preocupación por la dirección del país.

Sin embargo, se constató que los migrantes nacidos en países donde no se habla inglés expresaban actitudes más positivas hacia Australia, pese a enfrentarse con frecuencia a una mayor vulnerabilidad económica.

Para Sulaiman, la libertad, la seguridad y la oportunidad de estudiar y trabajar tienen un significado especial después del cautiverio, el desplazamiento forzado y los años pasados en un campamento de refugiados. Su mensaje se centra en la paciencia, la bondad, la responsabilidad personal y en continuar trabajando por los propios objetivos a pesar de las dificultades.

La importancia de una representación precisa de los ezidíes

El reportaje de ABC identifica a Sulaiman como ezidí y explica que su familia fue capturada por ISIS durante el genocidio de 2014. Sin embargo, también describe el kurmanji como el «dialecto tradicional ezidí».

Esa descripción es inexacta y está políticamente cargada.

Una lengua hablada por muchos ezidíes no determina ni sustituye la identidad étnica del pueblo ezidí. Los ezidíes son un pueblo étnico y religioso distinto, y la terminología lingüística no debe utilizarse para absorber su identidad dentro del marco nacional de otro pueblo.

La lengua asociada a los ezidíes debe describirse con precisión y sin implicar que el pueblo ezidí sea simplemente un subgrupo religioso de otra etnia. La identidad y la experiencia de Sulaiman deben presentarse dentro de la historia del pueblo ezidí y del genocidio cometido contra él.

Una vida reconstruida más allá de la supervivencia

La historia de Sulaiman no se limita a lo que sufrió bajo ISIS. También trata sobre educación, trabajo, responsabilidad y participación en la sociedad que lo acogió.

Llegó a Australia siendo adolescente, sin hablar inglés, después de pasar años en cautiverio y desplazamiento. Hoy enseña a estudiantes en la misma escuela donde él aprendió el idioma, arbitra partidos de fútbol y habla abiertamente sobre las oportunidades que ha encontrado en Australia.

Su vida refleja lo que puede llegar a ser posible cuando los supervivientes reciben seguridad, educación y la oportunidad de reconstruir sus vidas con dignidad. También demuestra que el genocidio, aunque permanezca para siempre como parte de la historia de una persona, no tiene por qué definir los límites del futuro de un superviviente ezidí.